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Noche cálida de otoño cuando Jonás llego a casa cansado sin aliento y con su tabla debajo del brazo. El sol a punto de ocultarse tras un mar enfurecido por una repentina y agresiva borrasca y las líneas de olas rompiendo rítmicamente a lo largo de toda la costa., pero mañana seria otro día. Por hoy ya había sido suficiente, tres baños rápidos en los ratos libres entre el trabajo y las horas de estudio habían dejado a Jonás deshecho. Al entrar por la puerta de su humilde casa de barro sus padres disfrutaban de la sobremesa de la cena ligera. Jonás saludo y fue directo a su duro lecho sin mas cena que algún trigo con leche.
La verdad es que ser surfer en Israel no era tarea fácil, la mar casi siempre estaba tranquila y sin olas y cuando las había el trabajo no dejaba mucho tiempo para surfear, trabajaba desde los 10 años para contribuir a la pésima economía familiar igual que lo hacían sus 4 hermanos.
Pero él era un surfer agraciado y lo sabia, dos años atrás un australiano perdido por el mundo había coincidido con él en la plaza mayor y Jonás sin mediar palabra al ver sus tablas de surf lo había llevado a la playa a ver la reciente y limpia borrasca. La cara del australiano fue de susto al verlo aparecer 10 minutos después de él en el pico con un tronco que hacia las veces de tabla para Jonás. Así fue como consiguió una tabla de un tío que no había mediado una palabra con él. La tormenta se volvió más fuerte durante la noche y el viento pareció el soplido de un gigante sobre su ventana golpeándola intermitentemente, le despertó entre sueños y vió las nubes correr en el cielo a un ritmo exagerado. Pensó aun confuso en la mar aun mas enfurecida y se vistió para ir a verla a la playa. Calle abajo las ramas y hojas de árboles caídos inundaban la calle y sintió miedo y empezó a correr sin saber muy bien porque. Al llegar a la playa jadeaba y gemía de cansancio y cuando levanto la cabeza el aire del mar le golpeó en la cara, las olas eran enormes, o eso él creía por lo menos pues nunca las había visto tan grandes desde que el surfeaba, el viento era fuerte pero peinaba las crestas de forma mágica y el sonido era ensordecedor cuando las olas rompían junto a la orilla.
Pensó en la rompiente del medio de la playa, si el bajo de arena exterior que los días de bajamar con luna llena quedaba casi al descubierto y fue hacia allí descalzo por la arena. Lo vió a lo lejos y se le estremeció el cuerpo, estaba perfecto menudas olas había allí, la ola era larga y gruesa, empezaba sucia y revuelta por la corriente pero luego cogía una pared limpia y hueca. Por un momento pensó con fastidio en no tener su tabla allí pero luego meditó y mejor así pues no sabía si tendría valor para surfear allí. Cuando aun medía su valor mentalmente lo vió entre espumas, su brazo salió agitadamente del agua y un grito llegó a sus oídos.
